Derain, Balthus y Giacometti coincidirán en el pasado, presente y futuro

El 1 de febrero el edificio de Fundación MAPFRE en Recoletos, Madrid, cuelga en sus paredes obras de Andrè Derain (1880-1954), Balthasar Klossowski, conocido como Balthus (1908-2001) y Alberto Giacometti (1901-1966), y compartirán edificio hasta el 6 de mayo con Miró, la colección permanente.

Tres artistas que coinciden con la definición de arte moderno. Su unión se debe, no solo por el afecto y admiración que se procesaban entre sí, sino también por la estética común entre cada una de sus obras de arte, creando una simbiosis perfecta.

Bajo el nombre de Derain, Balthus, Giacometti: una amistad entre artistas, la exposición, creada por el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, Paris Musées, comisariada por Jacqueline Munck, conservadora jefa del Musée d’Art moderne de la Ville de Paris y organizada por Fundación MAPFRE, presenta una retrospectiva pictórica y escultórica de este triunvirato moderno del siglo XX, quienes definen personalmente y a contracorriente de su tiempo, el realismo metafísico, con lenguaje no verbal.

“Teresa soñando” (1938) Balthus

La muestra cuenta con 240 obras aproximadamente que provienen de múltiples colecciones particulares o instituciones internacionales como la Fundación Giacometti de Paris; el Tate de Londres; Muséé d’Art moderne de la Ville de Paris; Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Washington D.C.; The Pierre and Tana Matisse Foundation, Nueva York, etc. Entre las obras expuestas se encuentran “Las niñas” de Balthus como, por ejemplo, La Habitación (1947-1948) o Los días felices (1944-1946), similar a una de sus creaciones, criticada el pasado mes de diciembre, Teresa soñando (1938) expuesta en el Met de Nueva York.

Una vecina de Nueva York lanzó una petición de censurar la obra a partir de recoger 10.000 firmas ya que, bajo su punto de vista, incitaba a la pederastia. En caso de no alcanzar este objetivo, proponía al Met que colocasen un cartel informativo sobre la posibilidad que tenía el cuadro de dañar la sensibilidad del espectador. Finalmente, el museo rechazó la petición de retirar la obra y, también de colgar la aclaración.

El entorno surrealista de André Breton estaba en pleno apogeo cuando Derain, Balthus y Giacometti coincidieron a principios de los años 30, específicamente en 1934 en una exposición de Balthus en la galería Pierre Loebe, Paris. A partir de 1935 los lazos de amistad entre este triunvirato se estrecharon cada vez más. Comenzaron a tener en común amigos escritores, poetas, artistas, modelos y la misma visión y definición del arte. Aunque cada uno tiene estilo propio, la relación entre sus obras es palpable. Realizaban varios proyectos y etapas similares. El conocimiento de esta interacción es esencial para la comprensión de la historia del arte y la evolución del modernismo.

La exposición está dividida en seis partes que relatan los pasos que marcan hasta que redefinen el arte a través de plasmar materia existente, independientemente de su conciencia individual. En primer lugar, ocupan el espacio retratos y autorretratos de los tres artistas, sirviéndose como testimonio de su amistad. Autorretrato (1920) de Giacometti, que juega con colores vivos y luminosos, o el Retrato de André Derain pintado por Balthus, quien recurre a tonos más apagados.

Siguiendo el recorrido de la exposición entra en juego la definición individual de cada uno de los artistas bajo el nombre de “La mirada cultural” donde se ponen de manifiesto sus influencias y pensamientos. Coinciden en que la verdadera modernidad se encuentra en el replanteamiento y reinvención del pasado. Por ello, toman como referente a antiguos maestros, sin caer en el academicismo. También se fijarán en etnias primitivas y en obras de todo el mundo, con una miscelánea, notable en sus creaciones, de diversas fuentes culturales. Giacometti se fija en los artistas italianos y en la estatuaria egipcia y africana. Su escultura filiforme Mujer que camina (1932) forma parte de la colección que desarrollará a lo largo de su carrera, con figuras alargadas y huesudas basadas en el arte “primitivo”. Balthus en 1926 viaja hasta Italia para copiar los frescos de la basílica de San Francisco de Arezzo de Pietro della Francesca, quien era para él un maestro del Quattrocento.

“Vidas silenciosas” es la segunda parte de la exposición. Los paisajes, bodegones y figuras protagonizan este apartado. Tras la Primera Guerra Mundial tratan de plasmar en primer plano todo aquello que les aleje de cualquier aspecto infernal, es decir, para ocultar los desastres. Como Geneviéve con manzana (1937) de Derain. Geneviève saldrá retratada en más cuadros de Derain porque es su sobrina. También el bodegón y la naturaleza muerta se convierte en un elemento imprescindible entre sus cuadros, también en los de Balthus, porque ese es uno de sus pensamientos: el significado de modernidad a partir de reinventar lo tradicional.

La habitación de Balthus también se encuentra en esta secuencia donde predomina la figura humana, los desnudos y el misterio. Porque así se encuentra la mujer que está en primer plano, con gesto teatral, provocando ambigüedad en la personalidad de poder ser adolescente, una Venus antigua o una figura de Manet.

En la sección “El modelo” se agrupan los amigos y modelos que tenían en común como Isabel Lambert que posaba indistintamente para un artista u otro. Giacometti creó esculturas sobre ella y Derain un óleo, Isabel Lambert, donde la figura resalta sobre el fondo negro, como en el Renacimiento. A parte de ser modelo era artista y consideraba a Derain como su mentor. Intercambiaban conocimientos constantemente. En esta etapa, Giacometti abandona el impresionismo para dotar de importancia a la cara y cabeza, haciendo representaciones escultóricas sobre esto. Consideraba que la cabeza es esencial y que si se tiene esta parte del cuerpo se tiene el resto, que para él son antenas. Trataba de potenciar la nariz y la mirada.

“Entreacto” recoge las obras del triunvirato cuando se introducen en el mundo del espectáculo, aunque Giacometti no se involucra tanto como Derain o Balthus, quienes diseñan las escenografías para Artaud, Albert Camus y Samuel Beckett entre otros. Derain también diseñaba en ocasiones vestuario y atrezzo.

“El hombre que camina” Giacometti (1961)

El mundo onírico, la fantasía y la reinterpretación ocupan la quinta sección de la exposición bajo el nombre “El sueño, visiones de lo desconocido”. La imaginación da pie a experimentar con lo visible y lo invisible. La jaula (1949-1950) de Giacometti trata de su doble personalidad teatral donde se desenvuelve en una caja escénica, vacía y ocupada por el espacio íntimo del artista, donde hay una parte visible, representada por la escultura del interior erguida, y otra invisible, ocupada por la escultura que está a los pies de la principal. Derain y Balthus complementan la sección a partir de cuadros como Desnudo tumbado en el sofá verde de Derain o Los días felices de Balthus. Donde los cuerpos de las mujeres cobran protagonismo.

“El pintor y su familia” Derain (1939)

La exposición cierra con las obras marcadas por un realismo mayor, consecuencia de los hechos y tragedias de la Segunda Guerra Mundial. Se reúnen en “La garra sombría”. Giacometti transmite a partir de su escultura El hombre que se tambalea el vacío y la incapacidad que siente el escultor a la hora de captar lo real. Le produce una sensación de fracaso y de volver a intentarlo. Derain crea El pintor y su familia donde trata de ser lo más realista posible. Piensa que la situación de la Segunda Guerra Mundial no permite la experimentación ni ser vanguardista.

“La falena” Balthus

Esta secuencia de la exposición también recoge obras de Derain donde las pesadillas y la angustia están al acecho como en la Gran Bacanal Negra donde las mujeres parecen huir despavoridas del tiempo y el espacio. La luz que aporta Balthus en sus cuadros en esta etapa, parece ganarle la batalla a la oscuridad. La falena, un temple a la caseína y témpera sobre lienzo, como alusión a Pietro della Francesca, es un buen ejemplo de victoria.

Esta exposición mantiene un diálogo constante entre las tres miradas de los artistas que influyeron en el arte moderno del siglo XX. La belleza es uno de los valores artísticos más notables en esta muestra, a parte de la comuna estética que crearon entre ellos, fruto de la complicidad.

DATOS DE INTERÉS

Lugar: Fundación MAPFRE, Recoletos, Madrid

Localización: Paseo de Recoletos 23, 28004 Madrid

Tel: 915 816 100

Web: https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/

Fechas: Del 1 de febrero al 6 de mayo de 2018

Precios:

  • Entrada general: 3€
  • Visita guiada: 5€
  • Tarjeta MAPFRE: gratuita la primera vez que visita una exposición.
  • Lunes: Entrada gratuita de 14:00 a 20:00h

Horarios:

  • Lunes: 14:00-20:00 h
  • De martes a sábado: 10:00-20:00 h
  • Domingos y festivos: 11:00-19:00 h

Transporte:

  • Metro: Línea 4 (Colón) y línea 2 (Banco de España)
  • Autobuses: 5 – 14 – 27 – 37 – 45 – 53 – 150
  • Cercanías: C-2, C-7, C-8 y C-10

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Andrea Lázaro

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