76 años sin Miguel Hernández

Tal día como hoy “el poeta del pueblo” moría en la cárcel de Alicante preso del régimen franquista

 

Retrato de Miguel Hernández (1910-1942)

Nació en Orihuela (Alicante). Perteneció a una familia modesta, y aunque se dice de él que tuvo dificultades para crecer lo cierto es que, sin obtener grandes privilegios, contó con los recursos suficientes para salir adelante en la España del siglo XX.

En un principio Miguel Hernández apostó por el teatro, pero en seguida se pasó a la poesía. Fue un amante de la naturaleza (a través de la cual exaltaba la sexualidad) y perteneció (por cronología) a la Generación del 27. El poeta todavía hoy es recordado por obras como Perito en lunas, o El rayo que no cesa.

A finales de 1931 llegaba a Madrid, donde pudo demostrar que contaba con amplios conocimientos literarios. Cuando regresó a Orihuela primero apostó por el gongorismo, después se decantó por los sonetos y el arte medido y por último escribió obras surrealistas, (aunque la generación del 27 ya había comenzado a abandonarlas).

En 1936 estalló la Guerra Civil Española, de la que Miguel Hernández participó militando en el bando republicano. De este modo entraba en el grupo de poetas fieles a la República, del que también formarían parte Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Es durante estos tres años de conflicto cuando escribe Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).

Busto de Miguel Hernández en Orihuela (Alicante)

Con la guerra a punto de finalizar y el ejército republicano prácticamente derrotado fue detenido por el dictador Salazar al intentar cruzar la frontera con Portugal.

No se le llegó a aplicar la pena de muerte. En su defecto el gobierno de Franco le condenó a 30 años de prisión, algo que, debido a las condiciones en las que pasaría los días, no supondría ningún favor.

Pasó por las cárceles de Sevilla, Madrid, Paterna y Alicante, donde finalmente falleció a los 31 años a causa de una tuberculosis .

Al poco tiempo de ingresar en prisión el poeta recibío una carta de su mujer Josefina Manresa, en la que esta señalaba que solo tenían pan y cebolla para comer. El poeta respondió escribiendo las Nanas de la cebolla, una obra que dedicaría a su segundo hijo y con la que cerraría su poemario Cancionero y Romancero de ausencias. Tres años después moriría a causa de la desnutrición y de la represión.

Hoy, como cada 28 de marzo, las redes sociales se han vuelto a llenar de poemas y frases para recordar al “niño de Orihuela” . Desde Actualidad Joven hemos querido rendirle este pequeño homenaje.

Nanas de la cebolla (1939)

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

 

 

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Rubén Rozas Gutiérrez

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