Amaneceres

Esa mañana el sol se filtraba entre las persianas de aquella pequeña habitación, “es muy temprano, me susurró  la pereza”- y le hice caso, pero antes de volver a cerrar completamente los ojos, sentí una presión en el pecho…peso en todo el cuerpo, este no era molesto o extraño, era reconfortante y venía acompañado de un suave aroma a primavera y la mejor música para empezar el día: “buenos días”- esto venía acompañado de un suave beso que ni siquiera hacía ruido, lo justo para notarlo. “es una pesada”- dijo el odio-“deberías alejarte de ella”- le apoyó la ira. Abrí los ojos por completo y vi el blanco impoluto del techo y las paredes, la mesa de noche y la lámpara, me quedé un par de segundos hasta que noté que me sujetaban la mano, ella seguía a los pies de la cama de matrimonio…acto seguido me preguntó: ¿has dormido bien? ¿o has vuelto a tener pesadillas?- le dije que había dormido bien, sonrió, no dijo nada y me dio un abrazo, el cual sé que hubiese sido el doble de fuerte en caso de haberle respondido lo contrario.

“venga, el desayuno está listo”- se levantó y salió caminando despacio de la habitación “podrías tomarla a ella para desayunar, hoy se ve increíble” argumento la lujuria, y en eso estaba de acuerdo, recién amanecida, entre bostezo y bostezo, en su andar tranquilo, era donde encontraba la definición de belleza más precisa. “creo que seguimos soñando” suspiró el amor, “yo creo que hoy deberías regalarle flores” completó el afecto. Ya olía el café recién hecho y ni siquiera había salido de la cama, de repente escucho: “mira que eres vago eh” acompañado de una risa tímida. Entró a la habitación con una bandeja con desayuno para los dos, “¡es la mejor!” dijeron a la par la gula y la pereza, la miré fijamente a esos ojos tan tiernos y llenos de vida, sintiendo que era prácticamente mi deber decirle todo lo que sentía en ese momento, pero orgullo salto de repente “poco a poco, no te vuelvas loco”, a lo que reí creyendo que era un poco tarde para eso.

Terminamos de desayunar…entonces la tomé en brazos casi instintivamente, era el único momento en mi vida en el que había sonreído y llorado al mismo tiempo, pero se sentía bien, puedo decir que sé lo que son las lágrimas de alegría, me quitó las lágrimas del rostro con una sonrisa y dijo: “así es como debes estar siempre, despertar así, contigo, es lo que me hace feliz”, la besé, nos susurramos los sentimientos y cerré los ojos, entonces se pronunció nostalgia, quien hasta entonces no había dicho nada, detrás de él estaban tristeza y dolor, que también habían estado callados. ¿esperarás a volver a dormir? Pregunto nostalgia- asentí con la cabeza, ¿por qué?, “porque solo cuando sueño, es cuando no la echo de menos”.

 

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Lautaro Lema

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