Las imágenes también tienen voz

Josep Renau utilizó cientos de imágenes para reflejar inquietudes que machacaban su mente. También, enredó ilustraciones que criticaban una sociedad degradada y monopolizada. Así consiguió consolidar en España el fotomontaje, una disciplina que libera al artista de cualquier marco textual. Sin embargo, a sabiendas que las vanguardias siempre han asustado, este arte no fue muy aceptado.

Son bastantes las herramientas que se pueden utilizar para censurar la situación del país en el que se vive. Renau optó por el lenguaje universal. La imagen, que no entiende de idiomas, constituyó el ingrediente fundamental de la obra. Los cimientos los edificó desde bien pequeño, sin darse cuenta, mientras jugaba a recortar las imágenes de revistas que descubría por casa. “Yo hacía esto como otros niños coleccionaban sellos”  leí el otro día en el libro Photovision de Adolfo Martinez mientras ojeaba la biografía del artista. El homenaje relata como Renau comparó las distintas imágenes que figuraban en revistas y periódicos sobre mismos hechos o personas. Con los análisis que realizó de las distintas fotografías, el artista cayó en la cuenta de la inmensa adulteración que presentaban las imágenes de los distintos medios de comunicación. Se manipulaba a los lectores de manera casi (o sin el casi) rutinaria.

Su esposa también era artista, sin embargo, la fama de Renau ocultaba sus obras. Manuela Ballester Vilaseca se parecía bastante a su marido; además de ser una magnífica artista, Manuela, luchaba contra los movimientos fascistas y participaba de forma activa en el Partido Comunista Español.

Renau sufrió el exilio tras la Guerra Civil Española (a los sublevados no les interesaba mucho aquel tipo) y fue en México donde realizó The American Way of Life. Por su título, es fácil imaginar en qué consiste su crítica.  Además reflejó entre otras la Guerra de Corea, la Guerra de Hiroshima, los ataques del bando Ku-Kux-Klan…lo hacía seleccionando imágenes de la revista estadounidense Life o del periódico The New York Times. Renau continuó su metamorfosis artística e introdujo el color en sus montajes. Sus obras eran composiciones que conseguían dilatar las retinas de los espectadores.

En 1958 optó por viajar a la República Democrática Alemana. En el estado socialista Josep Renau se transformó en artista callejero. Pintó diversos murales al aire libre con fotomontajes que reprochaban el capitalismo y la política internacional. La planificación económica centralizada de Berlín le  le vino de perlas al artista, pues era un asalariado más del Estado.

El valenciano murió en 1982 en Berlín por un cáncer de hígado. Sus cenizas reposan hoy en el cementerio berlinés de Friedrichfelde junto al resto de combatientes fascistas.

Hoy en día no es tan conocido como debería en España, tal vez por la situación que asediaba el país. La dictadura franquista hacía oídos sordos y repudiaba maravillosas obras de arte que los genios creaban.

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Arancha Ríos

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