Cuando la presión supera al deporte de élite

Llenan estadios enteros. Son la imagen de cientos de campañas de publicidad. Tienen millones de seguidores en las redes sociales. Son la envidia de un gran porcentaje de la población mundial. A priori, parece que todo les viene de cara. Pero esto no deja de ser una falsa realidad. Algo que ya se intuía pero que nadie de «ahí arriba» se atrevía a comentar. Hasta ahora.

De manera prácticamente espontánea, una serie de deportistas de élite han dado un paso al frente y han confesado lo que sienten. Para todos, una causa similar: la presión y las expectativas de un público que no perdona. André Gomes, futbolista del Fútbol Club Barcelona, ha sido el caso más reciente en España. Pero no es, ni de lejos, el primero.

«Tengo miedo de salir a la calle, me da vergüenza»

El portugués se confesaba así en una entrevista para la revista «Panenka». Gomes llegó procedente del Valencia por 35 millones de euros. Antes de eso era pretendido por el Real Madrid, el club rival del Barcelona. Además, el fichaje del jugador incluía una cláusula donde el club catalán debería abonar al propio Valencia 15 millones de euros si Gomes lograba ganar el Balón de Oro. Ahí estaba el nivel.

Sin embargo, dos años después, el centrocampista es otro jugador diferente. Una serie de malas actuaciones, algunas prolongadas en el tiempo, han bajado el valor de un jugador que llegaba como una promesa dorada. «Al principio, los primeros 6 meses, supe llevarlo bien. Pero luego las cosas cambiaron. Quizá la palabra no sea la más correcta, pero se volvió un poco infierno, porque empecé a tener más presión». 

André Gomes jugando con el FC Barcelona (Vía: Wikipedia Commons)

Sus compañeros han intentado apoyarle. El propio Sergio Busquets comentaba el caso en la rueda de prensa previa al Barça – Chelsea. «Los compañeros le hemos intentado ayudar siempre, hemos intentado aconsejarle, pero al final el que vive esto es él, el que se lo lleva a casa es él. Hemos hecho todo lo posible por ayudarle…» El jugador tampoco dudó en lanzar un par de dardos a la grada culé, siempre crítica con el portugués. «La afición deber dar un paso adelante por André Gomes. Lo veo entrenar, está listo, pero ese runrún de la grada no ayuda.»

«Pensar demasiado me hace daño. Porque pienso en las cosas malas.» Una presión y una frustración que se acumula partido tras partido, minando la confianza de un futbolista de tan solo 24 años de edad. Él mismo confiesa en la entrevista que esta frustración le impide exteriorizar sus problemas. «Es como si me sintiera avergonzado».

«Ahora mismo prefiero estar sentado en el banquillo»

Prácticamente de forma paralela a la de Gomes, Per Mertesacker, 104 veces internacional con Alemania y jugador del Arsenal en la Premier League, salió a la palestra. «Debido a las expectativas de la gente vomito o tengo diarrea antes de los partidos. Una vez, antes del pitido inicial, tragué bilis tan fuerte que me lloraron los ojos». 

Per Mertesacker, en un partido del Arsenal. (Vía: flickr)

Sus declaraciones no han sido de buen calado en todos los sectores del fútbol germano, en especial después de otra impactante confesión. «En el mundial de Alemania 2006 lamenté nuestra eliminación en semifinales ante Italia. Pero me sentí aliviado. Solo pensaba en que se acabó, se acabó, todo se acabó. Por fin.»

 

El jugador, de 33 años, reconoce que para él las lesiones eran periodos de descanso y tranquilidad. Ahora mismo dice que su cuerpo está roto, que no puede seguir. Toda una carrera profesional sufriendo en silencio.

«Andrés tío, que me estoy mareando, me estoy mareando»

Bojan Krkic, con la selección de Cataluña. (Vía: Wikipedia Commons)

Este es uno de los casos más populares de nuestro fútbol. La frase del título la pronunció el entonces jovencísimo Bojan Krkic cuando iba a disputar un encuentro con la selección española. «El día del partido, cuando llegamos al estadio y todo parecía que iba bien, salimos a ver el campo y cuando entré en el vestuario me senté y me subió el mareo cada vez más. A mi lado tenía a Iniesta». El delantero se quedó en un rincón del vestuario, paralizado. El miedo a que el resto de la plantilla le viera así le impedía levantarse. Apuntaba a la Eurocopa de 2008, que acabaría ganando España, pero tuvo que retirarse de la selección debido a la ansiedad que le generaba el fútbol. «No había un solo día en el que estuviera bien».

El propio Iniesta también confesó, muy a posteriori, haber estado aquejado de una depresión por el fallecimiento de su amigo Dani Jarque, jugador del Espanyol. «El problema es que no sabes lo que realmente está pasándote. Me hacen un montón de pruebas. Todas salen perfectas. Pero mi cuerpo y mi mente se desencuentran, se alejan.»

«Era como si mi cuerpo me estuviera diciendo: ‘estás a punto de morir’.»

El deporte norteamericano también se vio sacudido durante la semana pasada. Kevin Love, ala pívot de los Cleveland Cavaliers de la NBA, publicaba una carta abierta en la revista «The Players Tribune» bajo el título «Everyone Is Going Through Something». En este escrito, inspirado por las declaraciones sobre la depresión del escolta DeMar DeRozan, Love habla sobre el ataque de pánico que le sobrevino el pasado 5 de noviembre durante un partido. El jugador se fue corriendo a vestuarios y la versión oficial que dio el equipo fue de «fuertes migrañas». Pero nada más lejos de la realidad.

El jugador confiesa que, antes del encuentro, había tenido diversos problemas familiares y que llegaba con falta de sueño. La noche no le iba bien, apenas le entraban los tiros. Entonces su entrenador, Tyronn Lue, pidió un tiempo muerto.

Kevin Love, en un partido de los Cleveland Cavaliers. (Vía: wikipedia)

“Cuando me senté en el banquillo noté que mi corazón latía más rápido de lo normal y tenía problemas para respirar. Es complicado de describir pero todo estaba girando, como si mi cerebro tratara de salirse de mi cabeza. Supe que no podía volver al partido». Fue entonces cuando corrió a vestuarios. Love insiste: «tenía la sensación de que me iba a morir».

Ya en el vestuario tuvo que tumbarse en el suelo para poder recuperar la respiración. Las pruebas posteriores en el hospital no encontraron nada fuera de lo normal. Fue entonces cuando tomó conciencia de lo ocurrido y decidió visitar a un terapeuta. “Todo el mundo está pasando por algo que no podemos ver. No eres raro o diferente por compartir lo que te está pasando. Al contrario, podría ser lo más importante que hagas. Lo ha sido para mí”.

 

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Fernando Villar

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