“Mata Mua” el cuadro de Gauguin del que todo el mundo habla

Desde que Carmen Cervera retiró esta obra del Thyssen, la España interesada en el arte está preocupada, tanto que en Sálvame Limón están haciendo una réplica.

La propietaria del cuadro Mata Mua de Gauguin, Carmen Cervera, retiró esta pintura de la pinacoteca Museo Thyssen-Bohemiza en abril, en medio de la pandemia. Con el consentimiento del Ministerio de Cultura cedió esta obra, una de las más importantes de la colección permanente, a un museo importante en Europa para llevar a cabo una exposición temporal. Cervera no especificó mucho más al respecto, pero tiene intención de traer de vuelta a Mata Mua a España. Pero si aparece un posible comprador y el Ministerio de Cultura da permiso para venderlo, este cuadro no volvería a colgarse en la pared del Thyssen. 

Para entender el enorme valor que tiene este cuadro y ser conscientes de lo guay que era tener esa obra en uno de los museos más importantes de España, primero hay que hablar del artista, de quién era y qué le llevó a irse al otro lado del mundo, a Tahití, para pintar una de sus cuadros más famosos.

¿Por qué Gauguin rechaza la cultura de occidente?

Gauguin es el ejemplo de artista que necesita unir arte y vida, una utopía muy presente en las vanguardias. Es bohemio, le atrae lo salvaje y primitivo; rechaza la cultura de Occidente y se siente atraído por las máscaras africanas, el arte románico y demás tendencias fuera de lo habitual. Valora la autenticidad de todas esas tendencias que se alejan del academicismo.

En su primera etapa profesional era agente de bolsa, desde 1874 empezó a compaginar su trabajo con el arte y, en 1876, consigue exponer en el Salón oficial. En 1883 una mala situación económica le conduce a dedicarse por entero a la pintura, algo que resiente su matrimonio notablemente, hasta la separación definitiva.

Los viajes son un componente importante para su desarrollo artístico y personal. Los primeros siete años de su vida vivió en Perú, después se fue con su familia a París, a los diecisiete se enroló en la marina mercante y conoció el Pacífico y Panamá; paisajes que quedarán impresos en su imaginación. También se instalará en Gran Bretaña por un tiempo. Luego cortó todo tipo de vínculos con la civilización occidental en sus dos estancias en Tahití (1891-1893, 1895-1903).

Se inicia en la pintura bajo el influjo impresionista, gracias a su relación con Pissarro. No obstante, sus primeras obras ya muestran una tensión entre la momentaneidad del estilo impresionista y ese estilo sereno, orientado a la figura, con el que su temperamento se sentía más en consonancia.

Gauguin en Arlés con Van Gogh

También es importante destacar de la vida de Gauguin, los meses que previamente a su traslado a Tahití pasó con Van Gogh en la casa de Arlés. Van Gogh quería crear allí una comunidad de pintores liderada por Gauguin, a quien admiraba profundamente. Gauguin accedió tras ser movido por Théo, el hermano de Van Gogh, que le ofreció una pensión económica.

La estancia en Arlés fue dura, ya que ambos pintores tenían caracteres y opiniones profesionales muy confrontadas. Todo acabó con un violento desencuentro entre ambos, tras el que Van Gogh se cortó parte de su famosa oreja.

Gauguin en Tahití

Gauguin rechaza la cultura occidental y abandona la civilización en pro de los pueblos primitivos. Rechaza lo académico y valora aquellas tendencias que estaban fuera de lo habitual: desde el arte medieval hasta artes étnicos y primitivos como el de Tahití, Martinica o las máscaras africanas.

Su contacto con Tahití desde 1891 le llevará a adoptar temas inspirados en la cultura local y sus mujeres. En estas obras hay una enseñanza contra el colonialismo y el etnocentrismo, donde el cuadro se libera de la naturaleza para expresar el mundo íntimo del pintor.

Su obra es clave, pues precede la síntesis del arte moderno, contribuye a redefinir la relación entre el plano pictórico y la profundidad de la pintura (tercera dimensión).

Utiliza amplias zonas de colores planos cuyo empleo es arbitrario, aunque poseen un fuerte valor simbólico y decorativo. Sus encuadres insólitos hacen que los acontecimientos representados adquieran un carácter casi mágico entre el sueño y la realidad.

Paul Gauguin. Mata Mua (Erase una vez),1892. Óleo sobre lienzo. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

De la obra Mata Mua. Érase una vez (1892) se cree que puede hacer referencia a los cuentos y leyendas de su amante en Tahití, una chica de 13 años. Aparecen dos mujeres tahitianas muy recurrentes en sus obras y un ídolo muy grande que en realidad no existía. Este ídolo representa a la Diosa de la Luna: Hina. Las mujeres que danzan tienen unos colores muy vivos, estos tonos son los que concibe como una danza, quiere que tengan armonía y sinfonía. También incorpora un árbol que recuerda a la estampa japonesa o a las obras de Cezzanne. 

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Andrea Lázaro

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