23-F, ¿mito o realidad?

Cuenta la historia que el 23 de febrero de 1981, un grupo de militares atípicos irrumpieron en el Congreso. A golpe de pistola intimidaron a los diputados y en nombre del Rey proclamaron un golpe de estado, por España. Sin embargo, esta versión “oficial” se olvida de responder a las cuestiones más importantes para entender qué había detrás de esa intentona y cuál era el objetivo.

Durante la transición a la democracia, desde la muerte de Franco en 1975, se sucedieron numerosos problemas, desde revueltas sociales, políticas y militares. La victoria de UCD supuso el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno en 1976, quien tuvo que lidiar con las tensiones que emanaban de los partidos políticos en una reciente democracia.

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En primer lugar, tuvo que responder a la cuestión del incipiente separatismo autonómico que no dejaba de crecer y lo cual estaba generando graves problemas entre la agitación de las masas populares.

Por otro lado, se enfrentaba al referéndum para la elaboración de una Constitución que sentaría las bases de la democracia española y que sería respetada por todos los ciudadanos españoles y amparada por la Corona. Sobre este tema hubo mucha controversia social, pues había sectores partidarios de redactar una nueva Constitución que respaldara los principios democráticos, derechos y libertades que habían desaparecido durante 37 años de dictadura. Sin embargo, había sectores, tanto de la izquierda como de la derecha, que se negaban a apoyar este proceso constitutivo ya que se dejaban temas fundamentales en el tintero. Querían ir más allá de lo que el sistema permitía entonces.

Junto a este problema, también estaba en debate la legalización del PCE, a lo que varios partidos políticos se negaban por completo. Pero, ¿qué validez tendría la Constitución si la ilegalización del PCE supondría la vulneración de los artículos 6, 20, 22, en relación con la libertad de asociación de partidos políticos y de libertad de expresión? No habría una democracia real.

Finalmente, en aras de la democracia, Suárez legalizó el Partido Comunista a cambio de enemistarse con varios sectores conservadores de su partido, y ante este malestar político, se vio obligado a forzar su dimisión en enero de 1981.

Se estuvieron barajando posibles candidatos para dirigir el Gobierno, y el Rey Juan Carlos propuso a Leopoldo Calvo Sotelo, también de UCD. En febrero comenzó el proceso de investidura que alcanzó el 23-F, cuando se produjo el intento de golpe de estado.

Hay que tener en cuenta el contexto militar debido a que durante los últimos años estaban siendo víctimas del terrorismo de ETA, que atentó contra centenares de militares y guardias civiles. De esta manera, sectores del ejército español veían con recelo esta nueva etapa democrática, pues no creían en que pudiera establecerse el orden social y seguían aferrados a los principios del Franquismo y de la disciplina dictatorial.

Ya en 1978 se intenta perpetrar un primer golpe de estado, la llamada Operación Galaxia dirigida por Antonio Tejero, debido al daño que hace la legalización del PCE, la promulgación de la Constitución, y las activas operaciones terroristas contra el ejército. El objetivo sería frenar las reformas de Suárez y paralizar el proceso democrático. Sería imposible restaurar el régimen autoritario anterior, pero tampoco iban muy desencaminados. Sin embargo, estas conspiraciones fueron desarticuladas a tiempo y el responsable fue condenado a prisión. Aunque esto no impidió que en 1981 regresara con más fuerza y diera paso hacia el golpe de estado en el Congreso de los diputados esa mañana de invierno del 23 de febrero.

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Pero, ¿realmente nadie sabía nada acerca de ese intento de golpe de estado? No nos engañemos, lo que sucedió el 23 de febrero fue un autogolpe, una maniobra para fortalecer el reciente sistema democrático. No para acabar con él, pero sí para remodelar los principios del régimen ante las incipientes demandas políticas y movimientos de agitación.

En la elaboración del golpe estuvieron implicados partidos políticos, el ejército y la Corona. El CESID (Centro Superior de Información de la Defensa) también tuvo especial relevancia a la hora de gestar el acto. Se encargó de convencer a Cortina y Calderón, dos militares nostálgicos del régimen de Franco, para que conformasen un escenario donde el sector ultraderecha del ejército se hiciera visible en la actuación del golpe.

Por otro lado, los cabecillas del golpe tenían clara la coartada. Milans del Bosch desde Valencia, pretendía convertirse en el Presidente del Gobierno y de ahí, la parafernalia de sacar los tanques a las calles valencianas y desplegar a todas las unidades militares.

El general Armada que mantenía una estrecha relación con el Rey, tenía claro que el objetivo del golpe sería dar un mero escarmiento para que Juan Carlos pudiera legitimarse ante el pueblo al restablecer el orden alterado por los militares. Está claro el juego de intereses de por medio.

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Sin embargo, Tejero fue el que sin querer, hiciera fracasar el golpe. El CESID lo engañó para que tomara el Congreso de esa manera, ya que solo necesitaban la puesta en escena. El teniente coronel tenía un acuerdo con Armada y del Bosch; tomarían el Congreso, posteriormente el Gobierno, y establecerían un régimen militar. Al descubrir el engaño, Tejero se negó a participar en los planes de Armada, quien respondía a una serie de intereses con la Corona (la primera en ensimismarse en el golpe), a cambio de convertirse en el futuro Presidente.

De esta manera, fracasó el golpe. El ejército estaba muy divido en sectores afines al régimen conservador o progresista democrático, y ante la mala organización de las regiones militares españolas, el mensaje del Rey fue acatado por todos, militares y partidos. Partidos, que también habían colaborado con la intentona. Unos debido a la traición de Suárez de legalizar el Partido Comunista tras reiterar que jamás lo haría, junto con el recelo de la apertura política de izquierdas. Otros por las incesantes reclamas de separatismos o por reformas más profundas.

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Así, la importancia de los medios de comunicación y la excelente cobertura que dieron ese día y los próximos, junto con las estrategias del CESID, determinaron la versión oficial y que se sigue contando sobre lo sucedido el 23-F. Se hizo creer que el intento de golpe de 1981 fue maquinado por un sector de militares fieles al Franquismo, y que el espacio político de ese momento aferrado a la Corona hicieron lo imposible para frenar esa sublevación y reafirmar una democracia joven pero fuerte, capaz de mantener el orden social y garantizar seguridad y libertad.

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Sandra Fernandez

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