La exhumación es solo el principio

“Los restos de Franco son la excusa, el objetivo es derrocar a Felipe VI”
Santiago Abascal, mitin de Vistalegre (6 de octubre de 2019)

Por sorprendente que parezca, tengo que darle la razón a Abascal. En esta, como en tantas otras cosas, la derecha española tiene las cosas más claras que el sector progresista. ¿De verdad pensamos que, una vez fuera los huesos del Dictador del Valle, vamos a quedarnos tranquilos? Quizás el clima de campaña empañe un poco la visión, pero, pasado el 10 de noviembre -si el trío de las derechas no suma-, comenzará la lista de peticiones: cumplimiento íntegro de la Ley de Memoria Histórica, reconocimiento a los activistas y luchadores contra la dictadura, exhumación y reconocimiento de las más de 130.000 víctimas repartidas en 2.500 fosas por todo el país, derogación de la Ley de Amnistía de 1977 que permitió a torturadores y victimarios del Régimen…

Pero la agenda no acaba ahí. La desmemoria debe combatirse desde todos los frentes. En las Universidades públicas, al igual que se ha hecho en otros países con un pasado dictatorial que superar, necesitamos cátedras de Derechos Humanos desde las que investigar violaciones de los mismos, así como rescatar el legado de quienes lucharon por la democracia y la libertad. En la Educación Secundaria, el tratamiento de la historia reciente de España no puede ser una excusa más para la equidistancia; ¿de verdad debemos mantener la nomenclatura establecida por el régimen franquista? ¿es necesario asumir que los sublevados, de carácter abiertamente fascista en ese momento, representaban el bando nacional? Es urgente, y no solo conveniente, abordar estos problemas antes de seguir perpetuando dinámicas de reproducción del olvido, antes de que nuevas generaciones de jóvenes de todo el país sigan anclados a un vínculo negativo con la política, un vínculo de miedo y represión, de “no te signifiques”.

Solo entonces estaremos en situación de señalar a la institución que apuntala todo este sistema de olvido, la más alta de todo el Estado: la Corona. No en vano, es la heredera de la Jefatura de Estado que encabezaba el dictador. No podremos completar la transición a una democracia plena hasta no romper definitivamente estos vínculos con el pasado dictatorial. Porque no es únicamente el Rey, no es, ni siquiera, su familia directa: la Corona, en España, representa a todo un conglomerado de familias cortesanas, directamente favorecidas por su cercanía a la institución monárquica. No merecemos un modelo de país en el que la distancia al sol real determine tus oportunidades en la vida, no en un mundo que se dice democrático y liberal. La lógica cortesana de democracia tutelada en que vivimos es impropia de un pueblo que pretende ser libre. Solo en el momento en que podamos decidir, no solo el modelo de Gobierno que queremos, sino la forma misma del Estado, podremos decir que hemos alcanzado una plena soberanía como pueblo, como nación -de naciones- y como país.

Así que sí, bien visto, Santiago, esto es solo el principio. Seguiremos batallando por una España moderna, democrática, en la que quepamos todos. Le pese a quien le pese.


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Salvatore Ignacio Nocerino Tellería

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