Los virus, ¿Peligro para la vida o base de la evolución?

Cada cierto tiempo, los medios de comunicación nos informan de la presencia de un virus mortal, o de alguna epidemia generada por alguno de estos microorganismos, pero ¿ese es su único papel en el universo?

Los virus son un tipo de microorganismos compuestos generalmente por material genético y proteínas, que presentan diferentes estructuras y que son parásitos obligados, es decir, solo pueden llevar a cabo su ciclo de vida tras infectar a otra célula.

Cuando se encuentran fuera de dicha célula (a la que conocemos como hospedador) estos microorganismos son conocidos como viriones y no presentan ciclo vital, son “inertes”. Una vez dentro de su hospedador, lo utilizan para generar más copias de sí mismos y proliferar. En muchas ocasiones la infección vírica acaba con la destrucción del hospedador.

Para evitar esto, las células hospedadoras desarrollan mecanismos de defensa para atacar al virus, evitar su entrada, alterar su material genético… lo que contribuye a su evolución. Esta evolución se da ya que los virus son capaces de destruir a la población hospedadora, pero, si alguna de las células adquiere resistencia, a partir de esta se formará una nueva colonia de células resistentes a ese virus.

Al mismo tiempo, los virus también evolucionan y desarrollan nuevas formas para atacar a las células que han adquirido resistencia, y así sucesivamente, creando una “guerra prolongada” que contribuye a la evolución de ambos microorganismos (en el caso de infecciones de bacterias).

En otras ocasiones, el propio virus integra parte de su material genético en el genoma del hospedador y, si se mantiene mucho tiempo dentro, puede perder su capacidad de separarse del genoma, convirtiéndose en lo que se conoce como virus críptico. De esta forma, el hospedador adquiere nuevos genes, los cuales le pueden servir para formar nuevas proteínas, obtener resistencia a otros patógenos etc, lo que también contribuye a su evolución. Este fenómeno se da tanto en bacterias, como en células vegetales y humanas, es más, en torno al 8% del genoma humano es de origen viral, mientras que solo el 1,5% codifica proteínas.

Para los cinéfilos, podría decirse que los virus son como Severus Snape (personaje de la saga Harry Potter), ya que, aunque aparentemente pueden parecer malos, sin ellos, la historia evolucionaría mucho más despacio.

LOS VIRUS EN TERAPIA GÉNICA

Además de lo comentado hasta ahora, los virus también pueden ser utilizados como herramientas biotecnológicas en el campo de la terapia génica. Pueden utilizarse como vectores para la transmisión de genes con el objetivo de prevenir o curar enfermedades genéticas.

Según la Fundación Mencía, se utilizan cuatro grandes tipos de virus:

Retrovirus: son virus cuyo material genético es ARN y que poseen una enzima (retrotranscriptasa o transcriptasa reversa) capaz de transcribir dicho ARN a ADN (grupos de Baltimore VI). El descubrimiento de este hecho supuso una revolución en el Dogma Central de la Biología, puesto que antes de conocerse estos virus, se creía que la transcripción y la traducción del material genético era unidireccional (transcripción de ADN a ARN y traducción de ARN a proteínas). Por lo tanto, este dogma científico se vio modificado.

Adenovirus: son virus de doble cadena de ADN, por lo que pertenecen al grupo I de Baltimore. Los vectores de este tipo de virus son más grandes y complejos que los retrovirus. Su principal ventaja en terapia génica es que se pueden producir en grandes cantidades y transfieren eficazmente el material genético a un número elevado de células y tejidos.

Virus Adeno-asociados: una de sus principales ventajas es que no son patógenos, por lo que no provocan una respuesta del sistema inmune. Son pequeños y de cadena simple de ADN. Su principal desventaja reside en que, debido a su pequeño tamaño, no pueden almacenarse grandes cantidades de material genético en su interior y ser transmitidas a las células de interés.

Herpesvirus: son virus de doble cadena de ADN, muy útiles en terapia génica, puesto que generan una infección latente que permite insertar los genes que deseemos durante un tiempo prolongado. Su principal desventaja es que provocan una fuerte estimulación de los linfocitos del sistema inmune, por lo que para ser utilizados hay que eliminar del virus los genes relacionados con esta proliferación.

En definitiva, podemos ver como los virus no son tan dañinos para la vida como pueden parecer a priori, a pesar de que también son los causantes de multitud de enfermedades que afectan a plantas y animales.

Comparte esto:

Miguel Jiménez Orellana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *