Música, tenemos que hablar

Mi primer recuerdo musical tiene ya 17 de mis 20 años. Mi madre era “agresiva” fan de la literatura fantástica, de las películas de los 80 para toda la familia, de los grupos y cantantes que hacían historia al formar parte de la banda sonora de dichas películas. Desde los 80 a finales de los 90 cada película suponía una nueva tendencia con un tema cumbre en las listas como banda sonora, dentro y fuera de la misma. Mis hermanos y yo conocíamos a Sam y Bilbo antes de que se les pusiera rostro en la gran pantalla, a Harry Potter antes de que Dumbledore fuera dos actores distintos y Narnia tuviera un león con la voz de George Clooney, Chuck Norris o Hugh Laurie. Nos enfrentamos a actores que unas veces decepcionaban y otras te hacían aplaudir, a situaciones abreviadas o directamente eliminadas de la trama; pero encontramos algo que no era posible en los libros: música. Recuerdo una noche fría de otoño en la que mis hermanos observaban con detalle mi reacción ante una cinta VHS con un título que contradecía a todos los principios de la literatura y el cine. “La Historia Interminable”, ponía en la portada. Limahl, uno de tantos cantantes de un sólo éxito, me abrió las puertas del mundo que tantas emociones me hizo sentir desde el primer momento. Desde entonces, empecé a escuchar toda clase de grupos y cantantes, imitaba lo que me parecía único y en el coche de mi padre llegaron a romperse algunos casetes (Pokémon, Back Street Boys, Queen, Michael Jackson). Antes de Winamp, Emule, Spotify, Ares, Soundcloud y tantos otros «servicios», escuchábamos los éxitos internacionales tarde: mediante recopilaciones (Caribe Mix, Los Mejores Temas de 1995), primeros álbumes en CD, casetes y videoclips que llegaban a los canales de música; habiendo sonado primero sus temas en las radios nacionales. Yo llegué tarde para el vinilo, pero me alegro de que sea rescatado lo que en un día pasó a ser visto como un «elemento»la-historia-interminable-poster-original que ocupaba espacio en una estantería.

La música ha perdido su factor sorpresa debido a que se anticipan cuatro o cinco temas de un artista antes de que su álbum llegue al mercado, por miedo a que alguien lo filtre semanas antes de su estreno. Nos encontramos música por géneros, en vez de únicamente música. Cada tema sigue unos patrones similares a otros, los artistas que forman parte de las listas internacionales tratan de mantenerse en ellas mediante actos y vestimentas que las personas que los escuchan no se atreverían a hacer. No se dan cuenta de que llevan a cabo una parodia de los artistas de otras épocas. Toda la polémica que puedan generar no tiene nada que ver con la generada por gente de la talla de Madonna. Michael Jackson, Freddie Mercury o 2Pac (Tupac Shakur). Pero hay una gran diferencia: ellos luchaban y nos hacían luchar por nuestros derechos, por acabar con la estigmatización o el racismo. Las radios, listas de éxitos y videoclips de ahora no tienen nada que ver con las de los tiempos de Nirvana, The Police o el boom de las boy bands. Son fruto del número de reproducciones, pero no de la calidad de las canciones. Si uno quiere escuchar algo diferente, debe huir de las listas. No creo en cantantes de autotune y letras que nos desprecian, bandas de dos temas y chicas que crean más polémica de lo que trabajan.

Hablemos ahora de las virtudes de nuestros tiempos. Tenemos la oportunidad de conocer distintas maneras de hacer música al alcance de nuestra mano sin tener que grabar con cinta o cd, podemos dar y darnos a conocer en lo que tardamos en grabar y subir una actuación; no dependemos de radios ni de la supervivencia de un formato físico que se raye o se corte (salvo  que lo hagamos por nostalgia o preferencia). Gracias a la época en la que me ha tocado vivir, puedo disfrutar de los éxitos del pasado y mis apuestas de futuro sin tener que esperar. Hago un llamamiento para que apreciemos la música como en la época en la que nuestros padres exprimían cada cinta por no tener dinero para otra o hacían de su recopilación una carta de presentación. No os dejéis llevar por lo más escuchado de las discotecas únicamente porque “así se ligue más”, no os avergoncéis de los temas que gustaban a nuestros familiares cuando eran jóvenes y no tengáis miedo en experimentar con nuevos sonidos. Ya escuchéis progressive, dubstep, future house, reggae, country, pop u otros géneros; dad una oportunidad a los demás. La música tiene la habilidad de hacerte sentir lo que jamás podrás por ti mismo. Te puede hacer saltar de emoción y llorar con rabia. Amo la música por ser mi compañera fiel, mi vía de escape, mi motor y mi voz cuando no la encuentro.  Sin música yo no sería nada, pues gracias a Daft Punk en mis partidos; Extremoduro y Fito en los malos momentos y a tantas bandas sonoras de películas, series y videojuegos que me han dado distintos puntos de vista…soy quien hoy está escribiendo estas palabras. La música siempre estará ahí, nos dirá todo lo que queramos escuchar y nos hará aprender las lecciones que de otra forma no admitiríamos. La vida sin música no existe.

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Jesus Moreno Ruiz

Amante del verso y la reflexión, al igual que de la música, el deporte y los videojuegos. Estudiante de periodismo.

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